Capitulo 28
Cap 28 Como si no fuera el mismo
El celular permanecía en su mano, mostrando aquella foto de ella y él juntos. Su mente seguía divagando y, por momentos, bajaba la mirada hacia la pantalla para después volver a perderse en la nada. Pasaron las horas y continuó igual, sentado, como si simplemente esperara que algo cambiara por sí solo.
Las preguntas llegaban con fuerza, inundándolo de dudas. Con la llegada de la noche, aquellas mismas dudas comenzaron a arrebatarle el sueño y, cuando por fin conseguía dormir un poco, llegaban las pesadillas. La noche se convirtió en su peor enemigo. Quería salir corriendo, alejarse de todo aquello, pero ¿hacia dónde? No había ningún lugar al cual correr. Y, más importante aún, ¿de qué estaría huyendo? ¿De sí mismo? ¿De que aquella fuera realmente su verdad?
Liertp, por otro lado, llegó primero al trabajo como era costumbre. Le pareció extraño no encontrar a Ariel ahí, aunque al principio no le dio demasiadas vueltas. Quizás no se sentía bien. Sin embargo, otra posibilidad comenzó a molestarle: quizás había sido culpa suya por haber preguntado por la guitarra.
Liertp tampoco estaba pasando por un buen momento. Las horas avanzaban y Ariel seguía sin aparecer. Todos hacían su trabajo sin demora, como les habían enseñado, pero sin él ahí el ambiente se sentía diferente. Todo era más tranquilo, y precisamente eso resultaba extraño para quienes estaban acostumbrados a tenerlo cerca. Liertp les dijo que probablemente no se sentía bien y que no debían preocuparse. Aquello bastó para que los demás continuaran con lo suyo.
El día llegó a su fin sin que hubiera rastro de Ariel. Al día siguiente ocurrió exactamente lo mismo. Liertp volvió a decirles que seguía enfermo y que seguramente pronto se le pasaría, pero transcurrieron algunos días más y nada cambió. Finalmente decidió ir a buscarlo a la posada para comprobar por sí mismo cómo se encontraba. La dueña le contó que Ariel no había salido de su habitación en varios días y que apenas comía. La preocupación podía verse claramente en el rostro de la mujer.
Sin perder tiempo, Liertp fue hasta su habitación. Desde el otro lado de la puerta apenas podían escucharse algunas canciones, con un volumen tan bajo que parecía que Ariel las había puesto únicamente para él. Liertp tocó la puerta, pero no obtuvo respuesta. Esperó un poco y volvió a intentarlo. Nada. Finalmente pronunció su nombre esperando que eso fuera suficiente para hacerlo responder, pero del otro lado siguió sin escucharse nada aparte de aquella música.
La preocupación de Liertp aumentaba, pero tampoco podía quedarse ahí para siempre. Terminó retirándose y regresó al día siguiente por la tarde, una vez terminado el trabajo. Ariel seguía sin responder. Los días continuaron pasando y no mostraba ningún interés en hablar ni en dejarse ver por nadie. Para Liertp, la situación empezaba a volverse agotadora. Tener que dar explicaciones constantemente y mantener el control del trabajo era demasiado para él.
Quizás así se sentía Ariel. Quizás por eso no quería que nadie lo molestara.
La tristeza podía verse en el rostro de Liertp, al igual que las lágrimas que comenzaron a salir de sus ojos. Su llanto era tenue, como si no quisiera que nadie pudiera escucharlo. Levantó la mirada hacia el cielo, de la misma manera en que había visto hacerlo a Ariel, buscando algún tipo de consuelo. Pero ahí arriba no había nada. Pasaron más días y Liertp comenzó a verse terrible, mucho más cansado y apagado de lo habitual.
Hasta que una mañana Ariel se presentó a trabajar.
Todos voltearon a verlo como si estuvieran viendo a un fantasma. Estaba diferente. Mucho más callado, serio y, para desgracia de cualquiera que tuviera que acercarse demasiado, olía horrible. Algunos se preguntaron si acaso no se había bañado durante todos aquellos días. Otros bromearon diciendo que quizás deberían haberlo hecho ellos mismos. Algunos parecieron encontrar bastante gracia en la idea y, durante unos momentos, volvió aquello que tanto les había hecho falta: esa risa burlona de Ariel.
Pero duró poco.
Ariel comenzó a trabajar sin decir demasiado. Incluso las tareas que normalmente no le gustaba hacer las realizó sin rechistar. No protestó, no hizo comentarios y prácticamente no habló con nadie. Cuando terminó el día apenas había comido algo. Se notaba que había adelgazado un poco y el cansancio podía verse fácilmente en su rostro, pero continuó con lo suyo. Incluso el trabajo que perfectamente podía dejar para el día siguiente decidió hacerlo esa misma noche.
Nadie se atrevió a decirle nada. Liertp continuaba pendiente de él y decidió quedarse hasta tarde para ayudarlo en todo lo que pudiera, aunque eventualmente el sueño pudo más que sus intenciones. Mientras Liertp dormía, Ariel continuó trabajando, adelantando todo lo posible. Había comprado algunos medicamentos para los animales, además de herbicidas y fertilizantes, y comenzó a utilizarlos en los animales y cultivos que los necesitaban. Apenas durmió una hora durante toda la noche, pero aun así siguió trabajando.
La mañana llegó sin prisa y, con ella, comenzaron a aparecer los jóvenes y adultos que trabajaban junto a él. La preocupación surgió casi inmediatamente cuando se dieron cuenta de que Ariel nunca se había marchado. Peor aún, encontraron a Liertp dormido en uno de los corrales. Alguien despertó al niño y terminó llevándoselo de ahí, mientras los demás intentaban averiguar qué podían hacer.
El problema era que Ariel había adelantado tanto trabajo durante la noche que apenas quedaba algo para ellos. Las pocas tareas pendientes eran precisamente aquellas de las que normalmente se encargaba él: cosas con las que nadie se metía porque no terminaban de comprender cómo funcionaban. Ariel había intentado explicárselas en más de una ocasión, pero para la mayoría seguían siendo demasiado complicadas. Sin mucho más que hacer, algunos decidieron regresar a sus hogares, mientras otros permanecieron ahí intentando encontrar alguna manera de ayudar.
Varias de las mujeres se marcharon por un tiempo y después regresaron con algo de comida para Ariel. Él se limitó a agradecerles y a hacer algunos cumplidos sobre lo que habían preparado, algo que ellas recibieron de muy buena manera. Sin embargo, la satisfacción no les duró demasiado. Unas horas después, se dieron cuenta de que la comida continuaba exactamente donde la habían dejado, completamente intacta.
Lo miraban con un poco de lástima. Era como si ya no fuera el mismo.