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"Felicidades por tu nacimiento". Cuando abrí mis ojos, me encontraba en un frío laboratorio. No nací realmente porque no era humana, y sin embargo ella me felicitó. Tomamos café juntas, sentimos los aromas, escuchamos el sonido de la campanilla moviéndose por el viento y aprendimos a convivir con el conejo que venía a visitarnos al jardín. Pero... "La verdad es que moriré en una semana". Ella, quien nunca se queja del dolor ni lo demuestra, está tranquila como siempre. ¿Pero por qué duele tanto mi corazón? "¿Por qué me creaste?", "¿por qué hiciste que te quisiera?"
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