Shota Iijima descubrió libros eróticos durante su infancia y desarrolló un intenso fetiche por las hermanas extranjeras. Entre los 12 y los 15 años, se masturbó 999 veces. Para su sesión número 1000, acabó siendo transportado a otro mundo, donde fue vendido como esclavo. Un paraíso para las mujeres y un infierno para los hombres... Valhalla, la mansión del falo.
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