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La oscuridad, un devorador insaciable, no ofrece consuelo: solo un hambre infinita. Donde nada se concede, solo se arrebata, un destello solitario, por tenue que sea, se convierte en el faro que guía el rumbo. Pero, ¿y si esta luz que guía conduce al descarrío? Para Perse, el camino no importa en absoluto. Su determinación es inquebrantable; no se detendrá ante nada para protegerlo, ni siquiera frente a sus perseguidores.
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