Capitulo 14
Cap 14 El punto azul
En un pequeño pueblo abandonado por Dios, donde el hambre azotaba con gran furia, un joven despertó en medio de una pradera. A simple vista era un lugar hermoso, pero ocultaba grandes peligros.
El joven no sabía dónde estaba. Desconocía por completo aquel lugar; no se parecía en nada a donde provenía. Aun así, la belleza del paisaje logró cautivarlo.
Comenzó a caminar con la intención de encontrar ayuda.
Sacó su celular, pero no tenía señal, por lo que no podía llamar a nadie. Intentó marcar a los números de emergencia, pero incluso esos estaban fuera de servicio.
No se preocupó demasiado y continuó caminando, siguiendo un camino de tierra compactada.
Después de un rato encontró un pequeño pueblo.
A su parecer era un lugar bastante rudimentario. Pensó que quizá estaba en algún sitio donde vivía una comunidad parecida a los amish. No entendía cómo había llegado ahí. Tampoco recordaba haber consumido alguna sustancia o haber bebido demasiado como para perder el conocimiento.
—Que esto sea una broma muy pesada y de mal gusto...
Su cabeza le dolía como si tuviera resaca, y eso solo lo enfurecía más. Sin embargo, su boca no tenía ningún sabor o indicio de haber bebido alcohol, por lo que las preguntas solo aumentaban.
Aun así, su primera decisión sería buscar información para volver a casa o, al menos, encontrar alguna autoridad.
Llegó al pueblo con cautela.
Su llegada llamó la atención de inmediato.
Sabía que él era quien desentonaba. Su smartwatch, los audífonos y la ropa que llevaba puesta eran imposibles de ignorar.
Entonces apareció la primera duda.
Nunca había conocido a un amish. Sabía de su existencia, pero jamás había escuchado que hubiera un asentamiento de ellos en su estado.
¿Hablarán el mismo idioma?
Esa fue su principal preocupación.
Sin cobertura en el celular, también quedaba descartada la posibilidad de utilizar algún traductor.
Trató de acercarse con naturalidad para intentar comunicarse.
—¿Qué onda, viejón?
Le habló a un hombre adulto que se encontraba cerca.
El hombre pareció no entenderle.
Su sospecha comenzaba a confirmarse.
Intentó hablar más despacio, como si estuviera enseñándole a hablar a un niño de cuatro años.
Se sentía estúpido.
La mirada de aquel hombre era de completa confusión, aunque también parecía intrigado por lo que intentaba decir.
El joven sacó un cuaderno y una pluma.
Si las palabras no funcionaban, lo intentaría con dibujos.
No era muy bueno dibujando y sus trazos dejaban mucho que desear, pero el hombre parecía captar la idea principal.
Con algo de preocupación, el joven sacó su celular y le mostró algunas imágenes.
El hombre quedó fascinado tanto con el celular como con el cuaderno.
La paciencia del joven era digna de respeto.
La del hombre también.
De pronto, su estómago rugió.
Sintió bastante vergüenza.
La expresión del hombre cambió de fascinación a preocupación.
El joven abrió su mochila y sacó un pan, unas galletas y una botella de soda.
Con una seña le indicó que podía tomar un poco.
El hombre tomó un par de galletas y un pedazo de pan.
Los observó durante unos instantes.
Era como si nunca hubiera visto un pan o unas galletas así.
El joven solo esperaba a que los probara.
Cuando finalmente lo hizo, parecía disfrutarlos muchísimo.
Como si nunca hubiera comido algo semejante.
El joven se preguntó qué clase de vida tenían que llevar para que algo que habían rebajado de precio para no tirarlo les supiera tan bueno.
Después le ofreció la soda.
El hombre tomó la botella con desconfianza.
Aquel líquido negro no le daba muy buena espina.
Aun así, decidió probarlo.
En su rostro pudo verse cómo le ardía la garganta.
Era lógico pensar que nunca había probado una bebida así.
Pero el hijo de su puta madre...
...se bebió toda la soda.
El joven se molestó.
Ya no tenía nada más para beber aparte de agua.
Tomó su termo con agua helada.
El hombre volvió a quedar fascinado.
Primero observó el termo.
Luego su atención pasó a la botella.
Parecía intentar comprender por qué era transparente si no era de vidrio y lo maleable que resultaba.
El joven, más que perder la paciencia, comenzaba a preocuparse por no saber dónde estaba.
Volvió a intentar conversar con el hombre para pedir indicaciones.
Pasaron horas en intentos fallidos por averiguar dónde se encontraba.
Mientras tanto, la batería de su celular comenzaba a agotarse.
Intentó varias veces entrar a la aplicación de mapas, esperando encontrar alguna pista de dónde estaba o, al menos, localizar una ciudad.
Pero no apareció nada.
Solo podía ver un punto azul...
...y un mapa completamente gris.