Capitulo 24
Cap 24 Riego por goteo
El día pasó sin prisa.
El joven estaba frustrado. Parecía no saber dónde colocar aquellos cuadros azules y, después de pensarlo durante un rato, decidió dejar ese problema de lado por el momento.
Fue directamente hacia uno de los pozos fuera del pueblo, de donde solía sacar agua para sus cultivos.
Dejó caer aquella cuerda negra que tenía una especie de esfera en la punta con varias ranuras. La hizo descender hasta escuchar el agua en el fondo. Después cortó la cuerda y conectó el otro extremo a aquella cosa azul que parecía pesar demasiado.
Luego unió algunos de los hilos de colores.
La cosa azul se estremeció y comenzó a hacer ruido.
El joven soltó las conexiones que acababa de hacer, como si únicamente estuviera comprobando algo.
—¿Qué es eso? —preguntó el niño.
—Eso es una bomba de agua.
—¿Para qué sirve?
—La bomba de agua sirve para mover agua.
—¿Mover agua?
El niño se quedó esperando una explicación, pero el joven no respondió. Estaba demasiado ocupado mirando aquella cosa que llamaba bomba, como si algo le hiciera falta.
—¿No está bien la bomba?
—La bomba está bien. Solo que no es una bomba sumergible y no tengo una válvula check para purgarla.
El niño volvió a quedarse sin palabras.
Ya no sabía si preguntar o limitarse a observar. El joven explicaba las cosas aunque él no terminara de entenderlas, pero precisamente por eso le causaba tanta fascinación todo lo que hacía y la forma en que lo hacía.
El joven continuó mirando la bomba hasta que, de repente, pareció darse cuenta de algo.
—Aaah, qué pendejo. No la ocupo.
El niño prestó gran atención.
Vio cómo retiraba algo de la bomba y después comenzaba a verter agua.
Mucha agua.
La cuerda negra pareció hincharse poco a poco hasta que el agua dejó de pasar. Entonces el joven volvió a colocar aquello que había retirado y unió nuevamente los hilos de colores.
La bomba comenzó a hacer ruido otra vez.
Pero esta vez sonaba diferente.
El joven se quedó mirándola con una gran sonrisa de satisfacción.
Después caminó hacia sus cultivos y el niño lo siguió.
Al llegar, pudieron ver que las largas cuerdas negras que habían colocado entre las plantas estaban hinchadas.
Poco después comenzó a salir agua.
Muy poca.
Apenas la suficiente para humedecer lentamente el suelo.
—Es muy poca agua.
—Esa es la idea.
—¿Por qué?
—Porque los cultivos no necesitan tanta agua y con estas mangueras estamos haciendo riego por goteo. Según el manual, deben tirar tres litros de agua por hora, aunque a mí me habría gustado que fueran dos. El suelo conserva muy bien el agua.
—¿Riego por goteo?
El joven señaló las mangueras.
Tomó uno de los pequeños cuadrados negros y un pedazo de manguera para explicarle de forma sencilla cómo funcionaba. Hizo que el niño intentara hacer pasar agua a través de él.
Le costó bastante y, cuando finalmente lo consiguió, la cantidad de agua que salió por el pequeño cuadrado fue mínima.
—¿Ves? Así funciona. Deja salir muy poca agua porque el conducto del riego es muy pequeño.
El niño miró nuevamente el pequeño cuadrado y después las largas mangueras extendidas entre los cultivos.
Pareció entender.
Esta vez se veía satisfecho con la explicación.
El joven guardó lo que tenía entre las manos y lo miró.
—Hey, niño. ¿Cómo te llamas?
—Liertp.
—Yo me llamo Ariel.
—¿Ariel?
—Así es.
Liertp se veía emocionado.
Por primera vez sabía el nombre del joven.
Al día siguiente, todos los demás comenzaron a mirar a Ariel ocultando pequeñas risas. Algunos apartaban la mirada cuando él los veía, intentando disimular la burla.
Ariel no entendía qué les pasaba.
Hasta que aquella niña lo llamó por su nombre.
—¡Ariel!
Ariel volteó.
Luego dirigió lentamente la mirada hacia Liertp.
El niño pudo notar inmediatamente que estaba molesto.
Quiso huir.
Pero ya era demasiado tarde.
—Así que le dijiste a todos cómo me llamo, ¿no?
—¿Estuvo mal?
—No es que estuviera mal, pero acabas de quitarme el factor sorpresa. Aquello que me hacía ver misterioso.
Liertp no entendía del todo lo que decía.
¿Por qué ocultaría su nombre solo por algo como eso?
¿Acaso estaba mal de la cabeza?
La idea inundó sus pensamientos por unos instantes, pero rápidamente la descartó al recordar todas las cosas que había hecho hasta ahora.
A lo mejor simplemente era diferente.
Y si era diferente, quizá su forma de ser también tenía que serlo.
¿Acaso eso estaba mal?
El niño volvió a perderse en sus pensamientos.
Ariel, por otro lado, ya había continuado con su día, dando órdenes como siempre y repartiendo los roles de cada uno.
Parecía estar de muy buen humor.
¿Sería por la bomba?
¿O porque ahora ya no tenía que regar las plantas?